Los 14 mayores fondos españoles dejan pérdidas en el año a 1,7 millones de clientes

 

Fondos españoles

Los fondos de inversión superventas están siendo un quebradero de cabeza para más de un millón de clientes que depositaron en ellos parte de sus ahorros. Los 14 mayores fondos que existen en España, con un patrimonio agregado de más de 50.000 millones de euros, están registrando pérdidas en lo que va de año, pese a ser todos ellos productos conservadores.

Estos 14 fondos de inversión, vendidos por CaixaBank, Banco Santander, BBVA, Bankia y Banco Sabadell, se han devaluado en 2018 entre un 0,5% y un 2,5%. Ponderando su evolución por su tamaño, el deterioro medio ha sido del 0,89%, de acuerdo con datos facilitados por VDOS Stochastics.

Todos estos fondos tienen un tamaño superior a los 2.000 millones de euros de activos. El producto de BBVA Quality Inversión Conservadora, el mayor de todos, tiene un patrimonio de más de 11.100 millones de euros, y pierde casi un 1% en lo que va de año.

En cuanto a los afectados, las cifras también son muy abultadas. El mencionado producto acumula cerca de 300.000 inversores y, en los 14 mayores fondos de inversión hay en total más de 1,7 millones de clientes.

Un año complicado

  • Renta fija. Los propietarios de fondos españoles que invierten en bonos (la categoría más extendida, con más de 60.000 millones), han registrado unas pérdidas del 0,82% entre enero y junio, según datos de la asociación sectorial Inverco.
  • Renta fija mixta. Esta familia (que incluye a fondos que compran deuda, y también algo de Bolsa), tiene unos activos acumulados de más de 42.000 millones. Sus partícipes han perdido un 1,41% durante el primer semestre.
  • Fondos globales. Esta categoría (cajón de sastre de fondos que no se encuadran en las familias más tradicionales), es la tercera más voluminosa, con más de 42.000 millones de euros. Los partícipes en estos fondos pierden un 0,94% en los dos primeros trimestres del año.
  • Bolsa internacional. Es una de las tipologías de fondos españoles que más han crecido, hasta sumar más de 32.500 millones. Por término medio, los inversores han tenido una evolución muy plana (-0,05% de caída). En cambio, los fondos de Bolsa española registran, de media, un avance del 1,62% en el semestre, pero es una categoría minoritaria.

Las pérdidas que registran estos vehículos de inversión se producen con el agravante de que la inmensa mayoría se vendió como productos ultraconservadores, destinados a inversores que no querían asumir ningún riesgo. Muchos de ellos procedían de ahorradores que siempre habían tenido su dinero en depósitos bancarios.

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La inflación explicada con los precios de los helados de nuestra infancia

Verano de 1983. El Gobierno acaba de aprobar la ley por la que los españoles tienen el derecho irrenunciable a 30 días de vacaciones al año y sale a la venta el Frigo pie a 30 pesetas (0,18 euros al cambio fijo de un euro, 166,386 pesetas). Un piso de 106 metros en Madrid vale seis millones de pesetas, unos 36.100 euros. No está mal, viniendo de tener una semana de asueto con el dictador Franco y de comer cortes de helado con galleta. El sueldo medio es de 1.400.000 pesetas al año (8.414 euros), aunque era más habitual cobrar menos de un millón, 70.000 pesetas mensuales (5.890 euros).

Verano de 2017. Las vacaciones son las mismas y el Frigo pie vale un euro en kiosko. Sería un 455% más caro (cinco veces y pico más) en términos absolutos, aunque el IPC general ha subido un 250% desde entonces (el triple y pico), según el Instituto Nacional de Estadística. El salario medio supera los 23.106 euros (174% más) y el sueldo mediano, el más representativo del país, ronda los 19.466 euros (230% más respecto al millón de pesetas).

Los carteles de Frigo de 1983 y de 2017

Cuando publicamos en Verne Así inventamos el Frigo pie, el Drácula, el Calippo y el Twister, hubo lectores a quienes les llamó la atención cómo han subido los precios de los helados. La inflación, pese al impacto que tiene en nuestras vidas, es un concepto desconocido.

Así que vamos a intentar explicar si somos más ricos que antes a través de algo tan cotidiano como fueron los carteles de helados de nuestra infancia. “El recuerdo de lo que ‘antes’ se adquiría por poco dinero, comparado con lo que cuesta ‘ahora’, forma parte de todas las nostalgias”, decía el escritor y economista José Luis Sampedro.

¿Vale todo ocho veces más que en 1977?

“La elevación del nivel general de precios” es detestada por casi todo el mundo: erosiona los ahorros de asalariados y pensionistas mientras reduce los beneficios de los empresarios. Por eso, guardar el dinero bajo el colchón durante años tiene el mismo sentido que encender un puro con un billete.

Cuando Frigo lanzó en 1977 el popular Drácula, este helado valía 12 pesetas (7 céntimos de euro) en kiosko y ahora cuesta un euro, un 1.328% más. Según el INE, la inflación general ha subido un 732% entre 1977 y 2017. ¿Esta cifra es real?

En 1977 el Drácula costaba 12 pesetas

Son datos oficiales, pero los hábitos de consumo de hoy son radicalmente diferentes. El INE calcula la inflación con una ponderación de los productos que, según sus encuestas, compran los españoles. En aquella época valoraba cosas que casi nadie compra hoy, como tela para coser en casa o brandy. Al llegar el euro, el INE rehizo su sistema con los 484 artículos que creía más representativos y desde entonces los ha ido actualizando.

En 2006 incluyó la homeopatía y la cirugía estética, en 2011 llegaron las tabletas y en 2016, las cápsulas de café y el streaming de pelis y canciones. Hasta el año pasado no se incluyeron los juegos de azar (Tragaperras, Quiniela, Primitiva…), una ausencia “por razones metodológicas” difícil de explicar siendo un sector que mueve 30.000 millones de euros.

Por otra parte, es difícil comparar con el pasado sin tener en cuenta el impacto que tienen hoy internet y la expansión de las cadenas de supermercados. Si antes era complicado comprar los helados fuera de kiosko, hoy podemos encargar con un par de clicks que nos traigan a casa varios paquetes de Frigo pie y Drácula a 0,48 euros cada unidad, menos de la mitad de su precio actual en un kiosko y muchísimo menos que en primera línea de la playa. Según la situación, estamos dispuestos a pagar más por el mismo producto.

“No pongas precios abusivos. Si son justos, venderás más y fidelizarás”, advierte Nestlé a sus vendedores. La competencia es hoy mucho mayor que hace años, e internet ha roto muchas barreras, como se ha podido ver en otros sectores como el taxi o las aerolíneas. Ejemplo: en plena expo de 1992 se anunciaban vuelos París-Sevilla por 130.000 pesetas (781 euros). Ajustada la inflación, hoy costaría unos 1.468 euros.

Menos hogares pobres…

El Negrito, que se lanzó a 55 pesetas en 1983, valía 70 un año después (27% más). Todavía era la época de la inflación a dos dígitos en España, que lograría ser “controlada” a partir de la segunda mitad de los ochenta. Ejemplo de ello es el Frigo pie, que en 1984, un año después de su lanzamiento, pasó de 30 a 40 pesetas (33%), pero en 1990 “apenas” valía 50 (25% más en cinco años).

El Frigo pie salió a la venta en 1983. Costaba 30 pesetas

¿Éramos más pobres en aquella época? El primer estudio serio sobre la miseria lo hizo Cáritas el año que Frigo lanzó Corazón. El informe Pobreza y marginación levantó una gran polémica al afirmar que uno de cada cinco españoles vivía como podía en esta situación.

Aquella encuesta consideraba pobres al 20% de los hogares urbanos porque ganaban 519.000 pesetas (3.119 euros) o menos al año, la mitad del ingreso medio de una familia de aquella época. En 2016, el umbral de la pobreza para un hogar con dos hijos se situó en 17.238 euros. Esto supone que el listón se ha elevado casi seis veces (452%) desde entonces.

No obstante, hay que contextualizar este gran salto. Primero, la incorporación de la mujer al mercado laboral, de 3,2 millones de trabajadoras en 1983 a 10,5 millones en 2017. Segundo, el incremento de las pensiones: la mínima era de 25.450 pesetas (153 euros) al mes en 1984, frente a los 637 euros de 2017.

Tercero, el cambio demográfico: el prototipo de hogar tenía 3,5 miembros entonces, cifra que se ha reducido hasta 2,5 en 2017. Antes había más niños, ahora hay más pensionistas. Y cuarto, el endeudamiento encabezado por el ‘ladrillo’.

… pero más endeudados

Desde los 90, los sueldos parecen haber ido relativamente a la zaga de la inflación. El Magnum almendrado valía 140 pesetas (0,84 euros) en 1992. Subió a 160 pesetas (0,96 euros) dos años después y hoy se puede encontrar por 1,80 euros, el doble de caro que hace 20 años en términos absolutos. Mientras, el sueldo medio ha pasado de 190.365 pesetas (1.144 euros) en 1994 a 1.829 euros en 2017, un 60% más. Sin embargo, la inflación habría subido un 71,2% en este periodo, lo que supone teóricamente haber perdido poder adquisitivo.

Cartel de 1990

No obstante, el verdadero palo ha sido el endeudamiento. Según el Banco de España, el metro cuadrado de vivienda nueva ronda hoy los 1.781 euros de media en España frente a los 262 euros de 1983 y los 743 euros de 1990. ¿Cómo se ha pagado esto? Con deuda. Si los préstamos equivalían al 35% de la renta bruta disponible de los hogares en 1983, este porcentaje se situó en el 102% en 2016, aunque tocó techo en el 135% del clímax del ‘boom’ inmobiliario, en 2008.

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